Homenaje a Isabel Núñez

Homenaje a Isabel Núñez

El pasado 4 de febrero se inauguró en Barcelona una placa en memoria de la escritora y activista social Isabel Núñez (Figueres, 1957 - Barcelona, 2012).

 

El homenaje tuvo lugar delante del número 7 de la calle de Arimon, en el barrio de Sant Gervasi, donde se encuentra el árbol bicentenario que Isabel Núñez logró salvar de las garras de una inmobiliaria que pretendía talarlo para construir un edificio. Desde entonces el árbol, un azufaifo, se ha convertido en un símbolo de resistencia frente a los poderosos, y las vicisitudes de los hechos quedan magistralmente recogidos en su libro La plaza del azufaifo (Melusina, 2008).

 

En el acto intervinieron José Luis Guerín, cineasta, Itziar González, arquitecta y exconcejala, David Cirici, escritor, Guillermo Aguirre, antropólogo e hijo de Isabel Núñez, y la alcaldesa Ada Colau.

 

Isabel Núñez, además de traductora y crítica literaria, fue una excepcional escritora con un personalísimo estilo literario que puede admirarse en obras como sus cuentos Crucigrama (Galería H2O, 2006), Algunos hombres… y otras mujeres (Menoscuarto, 2009), su ensayo sobre la guerra en la antigua Yugoslavia  Si un árbol cae: conversaciones entorno a la Guerra de los Balcanes (Alba editorial, 2009) o en su novela póstuma Entonces (Alfabia, 2013).

 

Nosotros tuvimos el inmenso placer de trabajar con ella y publicar su libro Mis Postales de Barcelona (Triangle Postals, 2012), “un bellísimo libro, descripción de un íntimo paisaje urbano, la ciudad que mi generación ha perdido. Leerlo ha sido una experiencia extraña porque llegué a él tras haberme conmovido con Emily Dickinson y El viento comenzó a mecer la hierba (Nórdica) y creía que tardaría en registrar emociones tan altas. Pero no fue así. Quizás mecido por la hierba alta del efecto Dickinson, percibí una continuidad natural entre un libro y otro” (Enrique Vila-Matas, en El País, el 30 de abril de 2012).

 

Isabel Núñez nos dejó ya hace cuatro años. Quizás los primeros versos del poema de Blas de Otero Me queda la palabra sirvan de consuelo y homenaje: “Si he perdido la vida, el tiempo, todo / lo que tiré, como un anillo, al agua, / si he perdido la voz en la maleza, / me queda la palabra”.

 

Nos queda tu palabra, Isabel.